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Viernes 7 de Octubre de 2011

Blas Tomic: “Si no se alcanzan acuerdos, nuestra imagen seguirá siendo la de un país subdesarrollado”

A continuación, el texto principal de la entrevista en que el director ejecutivo de Fundación Imagen de Chile analizó con el matutino especializado en negocios la coyuntura y cómo se vincula al trabajo de la oficina.

 


Por Bárbara Gutiérrez P. 

Los mismos cinco meses que han transcurrido desde que se inició el conflicto estudiantil, son los que lleva Blas Tomic como director ejecutivo de la Fundación Imagen de Chile.Cómo se ha percibido el tema alrededor del mundo, evidentemente que ha sido analizado por la entidad -como lo fue en su momento, el impacto del rescate de los 33 mineros- pero el economista hace más de una salvedad: “No somos el ombligo del mundo (…) Es normal que seamos parte de esa conversación que hoy por hoy, es global”.

– Lo prolongado del conflicto estudiantil y el carisma de sus dirigentes llenan portadas en el exterior, ¿Qué impacto tiene esto para Chile?
– Para ser exactos, entre el 28 de abril y el 1 de septiembre se han publicado en el mundo 18.338 artículos sobre el tema de la educación en Chile, mientras que sólo en una semana de agosto, aparecieron 76.972 publicaciones sobre las protestas en Londres. No somos el ombligo del mundo. Al final, más relevante que el volumen de apariciones, es cómo interpretan los medios más influyentes este conflicto y cómo lo transmiten a las audiencias globales. En esa dimensión, algunos medios internacionales hacen comparaciones con la llamada “primavera árabe”, los “indignados” de España e Israel, los disturbios del Reino Unido y ahora último con los que protestan contra Wall Street en EEUU. También se han escrito columnas de opinión en medios como la BBC, The Economist, El País y Financial Times, en que se cuestionan la particularidad de que las movilizaciones en Chile se den en un país que muestra una economía en pleno crecimiento y una estabilidad política envidiable, cuestión que es muy diferente a lo que ocurre en todos los demás casos. Es normal que seamos parte de esa conversación que, hoy por hoy, es global. Confío en que la sociedad chilena va a resolver bien el desafío que se ha hecho evidente a partir de las movilizaciones estudiantiles, que es el de avanzar con más decisión en la creación de mayores condiciones de igualdad. La educación es la pieza clave en eso, pero no es la única.

– ¿Es Camila Vallejo la imagen país hoy?
– Contar con líderes jóvenes, creativos, que conecten con audiencias en el mundo, es bueno para Chile. El fenómeno mediático de todo el movimiento estudiantil es muy interesante. Algunas expresiones de protesta de los jóvenes, como la coreografía Thriller o la Besatón, han dado la vuelta al mundo, mostrando a una juventud alegre, unida, con fuerza y preocupada de temas que son relevantes en muchos lugares del planeta. Es verdad que también han dado la vuelta al mundo las imágenes de violencia que hemos visto a propósito de varias de las marchas estudiantiles, y eso, con la misma franqueza, sin duda que es malo para Chile, además de ser malo para el propio movimiento estudiantil. Pero la imagen de Chile es mucho más compleja que una persona, un conflicto, un evento particular. Por ejemplo, el rescate de los mineros, que fue un logro extraordinario y fue presenciado a través de la TV e internet con todo su dramatismo por cientos de millones de personas en el mundo entero, nos dio visibilidad, pero no cambió sustancialmente nuestra imagen. Para que un hecho puntual tenga ese efecto, necesita cambiar el curso de la historia, como sucede cuando un país ve destruida su democracia, o cuando entra en default financiero, o cuando se involucra en una guerra. En lo demás, lo importante es perseverar en fortalecer y difundir los atributos positivos de la identidad profunda del país y de la sociedad.

– En esa línea y a un año de que se acuñara el concepto en el exterior ¿Qué significa hoy “The Chilean Way”?
– El “Chilean Way” fue una expresión que usó el presidente Obama para destacar la fuerza y entereza con que se abordó el rescate de los mineros. Fue apropiado para ese momento, pero no es nuestro slogan ni serviría para mostrar a Chile como queremos. La idea matriz que está detrás de la imagen país que nos interesa proyectar es que en Chile hacemos bien lo que nos proponemos realizar, y que los extranjeros, es decir, gobiernos, inversionistas, turistas, pueden contar con eso. Esta estrategia está basada, por lo demás, en la percepción que ya existe sobre Chile en el mundo, y que hemos comprobado con varios estudios. Todo indica que es en esa dimensión que nos destacamos nítidamente en el contexto de América Latina.

– ¿En qué ha enfocado su gestión en estos primeros meses?
– La primera prioridad en esta etapa será apoyar a los que yo llamo “grandes constructores” de la imagen de Chile. La verdad es que, más que la propia Fundación Imagen de Chile, son otros los principales actores en este proceso. Me refiero por ejemplo, a ProChile, que tiene 57 oficinas repartidas fuera del país y que realiza 700 actividades anuales en el extranjero. Algo similar ocurre con Turismo Chile, InvestChile de Corfo, el Ministerio de Relaciones Exteriores y otros ministerios y, sobre todo, el sector privado en el campo del comercio internacional y de las inversiones en el extranjero. La tarea de la Fundación es muy amplia, por la sencilla razón que son innumerables las situaciones y factores que afectan la imagen de Chile, para bien y para mal. Por eso, quizás uno de nuestros principales desafíos es focalizarnos en un conjunto limitado de frentes de acción. De lo contrario, corremos el peligro de diluirnos.

– ¿Y en qué consiste ese apoyo a los “grandes constructores” de imagen país?
– Para dar un apoyo efectivo tenemos que comenzar por ser especialistas en el tema. Hay mucho que investigar y conceptualizar, porque esto de la imagen de los países es una disciplina bastante nueva. Nos toca definir una estrategia de posicionamiento para Chile y luego acompañar las acciones de nuestros constructores de imagen con recomendaciones en diseño y presentación. Probablemente lo más importante es llegar a constituirnos en la entidad que coordina a todos los demás actores que participan en el proceso de construcción de imagen país. Si actuamos de manera coordinada, la gestión de nuestra imagen en el mundo será mucho más efectiva que haciéndolo cada uno a su gusto particular.

– Han pasado ya algunos años desde que Chile decidió desarrollar su imagen país. ¿No cree que se dejó rezagado el trabajo en el ámbito interno, es decir, que los chilenos se “hagan parte” de lo que se mostrará afuera?
– En estricto rigor, han pasado poco más de dos años desde que como país, tomamos en serio esto de la imagen externa. No es mucho, sobre todo si se considera que la imagen de un país se construye lentamente a través de la historia. La realidad es que la imagen de Chile viene construyéndose desde que Alonso de Ercilla escribió La Araucana hace casi 500 años. Yo diría que es un proceso que tiene un ritmo sedimentario, donde se van acumulando poco a poco, año a año, los elementos que constituyen la identidad de un país y de su gente. Pero tiene razón, es fundamental trabajar la autoimagen y la autoestima de los chilenos. Todo lo que se proyecta hacia fuera nace de ahí. Y creo que en ese terreno hay mucho que progresar. No puede ser que una de las primeras cosas que decimos de nosotros mismos es que somos “chaqueteros”. Si fuese verdad que lo somos, entonces hay que cambiar ese rasgo; y si no es verdad, entonces hay que cambiar la mirada.

“Todas las sociedades enfrentan desafíos”

– ¿En qué aporta a la imagen país los buenos indicadores de la economía si se “filtran” hacia el exterior desigualdades, por ejemplo, en educación?
– Sería ideal no tener conflictos ni debilidades, que nunca hubieran protestas ni descontentos, pero ese país aún no se ha inventado. Todas las sociedades enfrentan desafíos. Chile está en el estado de desarrollo que conocemos. Se le valora por lo mucho que ha avanzado. Eso no significa que tenga la tarea lista. Más bien diría que gracias al nivel de desarrollo alcanzado es que podemos plantearnos avanzar a otro nivel de sociedad. Lo que se recoge a nivel internacional sobre Chile, expresa un agudo interés sobre cómo vamos a enfrentar estos desafíos, que se relacionan con las limitaciones del modelo de libre mercado. Se mira con interés a Chile porque otros países en el mundo están experimentando problemas similares. Como aquí ya hemos encontrado soluciones originales para coyunturas complejas, como fue, por ejemplo, la transición a una democracia estable y ampliamente legitimada, nos observan para ver si somos capaces de encontrar una salida adecuada, original e inclusiva al momento actual. Desde ese punto de vista, el interés que se concentra sobre Chile es una oportunidad para reforzar nuestra imagen.

– ¿Qué impacto en el exterior tiene un país con un gobierno con un 22% de aprobación?
– Visto desde el exterior, estos son datos interesantes pero no trascendentales. A nadie le va a cambiar su opinión sobre Chile por un determinado momento de la popularidad presidencial. Hay algunos aspectos como éste que son relevantes para nuestro debate político interno, pero que fuera del país, sólo alteran circunstancialmente la dinámica de nuestra imagen. Como es lógico, habla bien de la salud cívica de un país cuando en su interior se dan amplios grados de consenso, y estos indicadores de popularidad presidencial pueden llegar a tener bastante visibilidad.

– Los presidentes tienen incidencia particular en la imagen país. Bachelet como primera mujer presidenta lo tuvo. ¿Lo tiene el presidente Piñera?
– Los presidentes influyen en los vaivenes que la imagen del país experimenta en el corto plazo, cosa que, sin ser irrelevante, es menos importante para el horizonte de largo plazo en que se funda esa imagen. La presidenta Bachelet, sin duda, que fue muy notable. Pero en su momento también tuvieron un alto perfil cada uno de los presidentes que la precedieron, incluyendo por cierto, al general Pinochet y a Salvador Allende, que son figuras que hasta hoy tienen un peso no menor en la imagen internacional. El presidente Piñera, como es evidente, tiene sus propios atributos que llaman la atención. Desde su amplio dominio de los más variados temas, hasta su condición de empresario exitoso. Según el Financial Times es un personaje que recuerda a “Superman” de las historietas que leíamos cuando niños, lo cual también implica que es vulnerable a los efectos de la “kriptonita”.

– ¿Cómo impacta sobre la imagen de Chile la dificultad para lograr ciertos acuerdos políticos y sociales o el atraso en la reconstrucción post terremoto?
– La imagen de Chile se va a ver muy beneficiada cuando se pongan de acuerdo los distintos actores involucrados en el gran debate que hoy vive el país en torno a su modelo de desarrollo. El tema central es la desigualdad y cómo se cambia ese fenómeno que nadie discute que, además de injusto, es una traba para que avancemos como sociedad. Es una paradoja que vivamos este debate en un ambiente de polarización, cuando uno ve que hay un acuerdo bastante profundo en el diagnóstico de fondo, e incluso en el camino de solución, cuyo primer paso es la reforma educacional. Si se alcanzan los acuerdos, que desde mi perspectiva son relativamente obvios, el país entrará en una nueva etapa de su proceso de desarrollo, donde adquiriremos las capacidades necesarias para dejar de ser exportadores de productos primarios y pasaremos a ser actores del mundo globalizado en el cual la llave del éxito son la cohesión social, el conocimiento, la innovación y la tecnología. Y claro, si no se alcanzan esos acuerdos, nuestra imagen -y nuestra realidad- seguirá siendo la de un país subdesarrollado. Así de simple…

– En este año y medio de gobierno, ¿se ha mostrado voluntad de potenciar el tema de imagen país?
– Sí, al actual gobierno le importa la imagen de Chile. El sólo hecho de que la Fundación, que fue creada en el gobierno anterior, siga adelante, así lo demuestra. Hay un directorio de alto calibre, en que participan cuatro ministros, lado a lado con representantes de varias otras instituciones públicas y privadas y de distintas sensibilidades políticas. Y en los hechos prácticos también hay avances: para empezar, confiamos en que vamos a contar el próximo año con mayor presupuesto para financiar nuestra labor. Más importante aún es que estamos elevando significativamente el nivel de coordinación con las principales instituciones de gobierno relacionadas con la imagen país, y que el presidente Piñera se ha interesado en conocer personalmente nuestro Plan de Acción 2012. Señales como éstas nos indican que el tema está validado. Por lo mismo pienso que donde es más importante y urgente aumentar la sensibilidad acerca de la importancia que tiene la imagen de Chile, es en la ciudadanía en general. El objetivo de contar con una imagen país potente y positiva nos involucra a todos, no sólo por cuestiones de orgullo y amor propio, sino porque en último término, la imagen del país incide fuertemente en los inversionistas extranjeros, los intercambios culturales y científicos, el turismo y hasta en la seguridad nacional. Es decir, al final impacta sobre los sueños y los bolsillos de cada ciudadano.

– Si tuviera que “vender” Chile con pocos conceptos ¿Cuáles serían?
– Necesito hacerlo con cuatro conceptos: paisajes potentes, gente amable y aperrada, productos de calidad, instituciones que funcionan.

– ¿Cómo está vinculándose con el sector privado?
– Nuestros vínculos con el sector privado todavía son incipientes. Los tenemos sobre todo a través del programa de Marcas Sectoriales de ProChile. Sin embargo, es en ese campo que está el principal espacio de crecimiento para la Fundación. Claro que hay que tener presente que esta institución es y va a ser siempre pequeña en relación al tamaño sin límites del conjunto de temas y actores relacionados con la imagen de Chile en el mundo. Como la Fundación no puede hacerse cargo por sí sola de la imagen del país, el único camino para ser eficaces en ese propósito, es que todos los chilenos se sientan directamente responsables de cuidar y fortalecer esa imagen. Cuando seamos millones los embajadores de la imagen de Chile, la Fundación habrá alcanzado una de sus principales metas.